Leer el texto6 min de lectura16 de julio de 2026
Un tercio de los salmos son quejas
Si aprendiste los Salmos por la música, quizá supongas que el libro es sobre todo alabanza. No lo es. Los especialistas agrupan los salmos por géneros, y el más numeroso con diferencia es el lamento: quejas dirigidas a Dios por una situación que no se ha resuelto. Según el criterio, son entre un tercio y el cuarenta por ciento del libro.
Qué hace realmente un lamento
La forma es muy constante. Se dirige a Dios por su nombre, expresa la queja sin rodeos, pide algo y normalmente —no siempre— gira al final hacia la confianza. Ese giro es lo que se recuerda. Las tres cuartas partes anteriores se olvidan.
El Salmo 13 abre con ‘¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?’: cuatro veces la misma pregunta en dos versículos. Conviene conocer el Salmo 88: un lamento completo que nunca gira. Termina en la oscuridad; en muchas traducciones la última palabra es ‘tinieblas’. Está en el libro. Durante milenios fue guardado, copiado y cantado por personas que consideraban digna de conservar una oración sin desenlace.
Por qué importa cuando esperas
Casi todo lo dirigido a este público repite: agradece, cree con más fuerza, decláralo. Nada de eso es malo por sí mismo, pero como dieta completa deja a quien carga una oración sin respuesta sin palabras, cuando la tradición tiene un género entero para ello y lo puso en el centro de su libro de oración.
En la práctica: si llevas años cargando algo y solo te dieron el lenguaje de la gratitud, te dieron unos dos tercios del vocabulario. La queja está permitida. Estadísticamente, es lo más común del libro.

